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4 de Enero de 2015 Homepage  
Nota de Revista Quehacer Femenino Nro 225
Amor que sana

Ofrecemos una serie de artículos sobre formas últiles y prácticas de mostrar el amor de Dios al visitar enfermos, ancianos y en el proceso del fuelo. Isaías 61.1-2. La preocupación por el que sufre y el ciudar de los enfermos ha sido tarea tradicional de la Iglesia Cristiana, desde sus principios.

"La enfermedad y la muerte tienen connotaciones profundas que debemos tener muy en cuenta si queremos comprender al otro y ayudarlo efectivamente."

El Dr. James Carlson sufrió una enfermedad terminal que lo llevó con el Señor a los 37 años de edad. Al saberse enfermo decidió dejar su aporte para la mejor comprensión de los enfermos. Escribió sus experiencias de relación con los suyos y con el ambiente que lo rodeaba, a medida que la enfermedad avanzaba. Decía entre otras cosas: "Cuando llegaban las visitas de parientes y amigos siempre estaba contento de verlos". La regla de oro es no quedarse mucho tiempo, aunque la persona parezca estar bien y sociable: "las disfruté al principio (...)" pero recuerden que al correr del tiempo el enfermo se sentirá cansado más y más. Hay variaciones individuales en cuanto al tiempo que puede tolerar cada uno. Según el grado de debilidad que experimente. Agregaba el Dr. Carlson: "Hay preguntas que siempre se hacen al llegar, y que no tienen respuestas. Por ejemplo: ¿Cómo estás? ¿Qué respondo? Si comparto lo que siento (cuando estoy incómodo y cansado) la otra persona va a sentirse incómoda sin saber qué decir". Lo mejor es saludar con un comentario sencillo como: "Es muy bueno encontrarte sentado al aire libre"...(o algo parecido).

"Visitar enfermos no es tarea sencilla y contribuye mucho a que sea efectiva si tenemos en cuenta las connotaciones agregadas que está padeciendo ese enfermo".

Vamos a pensar en un enfermo acostado en una cama de hospital o institución de salud.

1. En lo físico-ambiental: limitado a una cama, en posición horizontal y enfermo. Viendo pasar la vida, desde esa situación. Es muy distinto a si estamos vestidos, sanos y de pie.

2. En lo físico-emocional: está padeciendo una enfermedad. Decía el Dr. Carlson: "las rutinas diarias de hacer la cama, el aseo personal, etc. pueden causar mucha aflicción. Para mí al avanzar la enfermedad todo aumentaba, agravado por el deterioro del aspecto de mi cuerpo." El dolor afecta también las emociones, la voluntad y la vida espiritual de relación con nuestro Dios. El Dr. Carlson nos recuerda: "Normalmente el dolor no empieza repentinamente, hay un aumento de la incomodidad que va extendiéndose, comprometiendo más y más el resto del cuerpo...".

Lic. Eunice Siccardi
Presidenta de UCEA
(Unión Cristiana de Enfermeros Argentinos)

Fragmento del último número 225 de enero, febrero, marzo de 2015 pág. 19
La necesidad de recuperar el pasado


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