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15 de mayo de 2016 Homepage  
Es tan claro cuando Dios habla...
con una voz audible al corazón.

El señor me habla con mucha claridad casi todos los días, de diferentes formas, la cuestión es que ese hablar me indica el objetivo y la dirección pero no el cómo. Y así paso por distintos pensamientos, analizando estrategias, dialogando en voz alta con Él aunque camine sola o conduzca gesticulando al mismo tiempo que llevo a los "peques" al colegio, voy al trabajo o curso materias y seminarios.

Hasta que un día ocurre algo, como el pedido de un nuevo taller sobre Herramientas para Intervenir en Situaciones de Abuso y Violencia en el mes de mayo en Las Grutas, Río Negro, luego del cual surgieron varias problemáticas que terminaron llevándome a dar el taller también a una iglesia evangélica de Rawson, Chubut, el último fon de semana largo de diciembre de 2015. Y ahí encuentro la respuesta. Como otras tantas veces. En definitiva, como siempre Él quiere hacerlo. Sin duda, las experiencias no son transferibles.

Como persona atravesada por la violencia aprendí y me propuse no hablar de violencia de género, sino encontrar herramientas para salir de la situación, no quedarme o no quedarnos con el puesto de víctimas subordinadas, ni tampoco creer que sea la única modalidad de víctimas. Entre esos múltiples instrumentos para desarrollar el arte de emponderarnos, hay dos muy específicos e imprescindibles: uno es el perdón al victimario y el otro la práctica con decisión firme.

Perdón al Victimario
Me gusta un supuesto origen del perdón, entre los hebreos, relacionado con la matriz, las entrañas de la madre, el vientre, el útero. Algunos señalan que el perdón tiene que ver con volver a nacer, donde el pasado no está y sí se origina una nueva vida. ¿Sería eso lo que no entendía Nicodemo? (Juan 3). Perdonar no es olvidar, disculpar, tolerar la injusticia o reconciliar. Perdonar es divino porque significa resignar el derecho legítimo derivado de la agresión recibida.

Practicar con decisión firme
Otra herramienta es la práctica con desición firme. Para sostenerla hay que aceptar que es un proceso, con sus altos y bajos, con obstáculos pero sin renuncia, no es cuestión de un momento específico sino de una actitud diaria de búsqueda. Aprender a no centrarse en el problema aunque no se resuelva, y aunque quizás tampoco vea la salida, confiando en que la misma va a ser provista.

Siempre, Dios nos da una nueva oportunidad sin fecha de vencimiento mientras que a nosotros nos cuesta sostener acciones de tolerancia y solidaridad diariamente porque nuestras fuerzas son limitadas, humanas. Pero si anidamos en sus Manos resurgimos como el águila.

Cambiar la mirada
Pero el Señor me regaló una tercera herramienta. Él me habló con claridad patagónica en ese taller con hermanos de Rawson. Ese nuevo instrumental es el llamado a cambiar la mirada sobre el prójimo, sobre el otro. Y para eso debemos cruzar a la vereda de enfrente.

Durante el encuentro, los participantes, varones, mujeres, jóvenes, pastores, líderes y demás miembros y amigos se dispusieron a presentar creativamente casos de violencia para después reflexionar sobre ellas. La consigna fue formar grupos que dramatizaran situaciones conocidas.
Surge de charlas compartidas durante el encuentro que la mayoría de los presentes tenían en claro que la persona que no ha recibido amora necesita tiempo para procesar y aceptar ayuda. En un primer momento, se parece a una mascota lastimada que reacciona con agresividad si tocan su herida. Si alguien quiere curar a un perro, posiblemente la respuesta será morder, si es un gato, clavará las uñas.

Cambiar la mirada sobre el otro ayuda. Hay que apuntalarse uno al otro. Afianzar el propio valor personal y el de ese otro. Evitar generalizar o polarizar. No negar el hecho de que alguien puede cambiar.

Siempre, Dios nos da una nueva oportunidad sin fecha de vencimiento mientras que a nosotros nos cuesta sostener acciones de tolerancia y solidaridad diariamente porque nuestras fuerzas son limitadas, humanas. Pero si anidamos en sus Manos resurgimos como el águila. Es vital hacer lo que hay que hacer en el momento en que hay que hacerlo. Oremos fervorosamente para aprovechar las oportunidades, esos instantes que hacen una gran diferencia.

María Fernanda Martins
Con amplia formación en Problemáticas Familiares en Situación de Vulnerabilidad,
dicta talleres no sólo en encuentros y congresos de MBAac sino también en diversas
denominaciones y lugares del país. Profesora graduada en Filosofía por el SITB, 2015,
completa también sus estudios teológicos. Comparte la fe en Cristo con sus seis hijos.

Extracto de nota extraída de Revista Quehacer Femenino Nro 230, página 13



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