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1 de agosto de 2016 Homepage  
¿Qué podemos hacer frente al suicidio juvenil? Salud

¿Cómo entender al suicidio?
Es muy difícil para nosotros entenderlo. Pero podemos pensar en algunas cosas que nos ayuden a encontrar maneras de evitarlo. Para explicar las razones, hay dos grupos de factores (causas) que llevan al suicidio: los factores predisponentes (internos a la persona y que se relacionan con formas específicas de enfermedad mental y herencias) y los factores desencadenantes (que son eventos que precipitan la decisión de terminar con la propia vida).

La mayoría de los científicos que trabajan el tema del suicidio coinciden en que se puede prevenir. Hay que trabajar sobre estos dos grupos de factores. Y las posibilidades de prevención se dividen en tres niveles.

Prevención básica
Se deben mejorar las condiciones de vida de todos los jóvenes. Como dice una autora argentina, frente al suicidio de una persona hay que entender que "su muerte es una señal de que en las condiciones en las que la persona se encuentra no puede seguir vivideno (...), no se puede vivir a cualquier precio" (Cohen, 2003, p. 2009) Son éstas condiciones de vida las que presentan el principal desafío para la prevención.

Además, es necesario trabajar con los propios adolescentes y sus padres. También capacitar a los docentes sobre el tema, porque la escuela es un ámbito propicio para la puesta en práctica de acciones preventivas: puede contribuir a la toma de conciencia y ser parte de la planificación de actividades de prevención eficaces. Para mitigar el problema, los docentes tienen una función de suma importancia. Hacen falta gestiones multidisciplinares, que incluyan funcionarios, planificadores, trabajadores de la salud, investigadores y profesionales de diversas disciplinas y sectores (Casullo, 2005, p.35; Fritschy, 2005).

Estoy convencida de que hay mucho que podemos hacer. Y recurrir a la acción del Espíritu Santo que es nuestro Consolador para que su obra en nosotros nos permita seguir adelante frente a ésta pérdida.

Prevención secundaria
Refiere a la atención dirigida tanto a personas que han sobrevivido a intentos de suicidio como a las personas de su entorno.
La anteción psicológica de un joven que ha intentado suicidarse suele estar enmarcada en la llamada "clínica de desamparo". El desamparo debe ser atendido con acciones de protección en las diferentes esferas de lo social en las que los jóvenes están presentes. Se propone fomentar la unión familiar como medida preventiva, aumentar la calidad de atención a los jóvenes , en áreas de salud, escolar, laboral y familiar. (Villagómez, 2005).

Por otra parte, hay que tener cuidado con ponerle el estigma de "loco" al sobreviviente de un intento de suicidio. Los psiquiatras infanto-juveniles plantean que no existe un abordaje estándar. Cada sujeto, sea niño o adolescente, necesita una estrategia terapéutica particular. Es importante dar intervención a los profesionales de la salud que buscarán la mejor forma de atender a la persona. Y que el entorno muestre aceptación y afecto al joven (Gutierrez y Martínez, 2006, p. 657).

Prevención terciaria
Es la atención a los sobrevivientes de un suicidio - familiares, amigos, convivientes, personas cercanas a quien se suicidó- es muy importante por el efecto de imitación que puede producirse y por la posibilidad de no elaborar el duelo y dar lugar a procesos depresivos que tengan como descenlace nuevos suicidios.

El duelo por suicidio es un proceso más complicado y difícil que el provocado por otras causas de muerte. El "sufrimiento emocional" es muy alto frente a la muerte de un joven por suicidio (Sarró 1996). La intervención pastoral y psicológica debe apuntar a la contención a los sobrevivientes en la búsqueda de una sana elaboración del duelo.

Uno de los elementos sobre los cuales se hace necesario intervenir es la culpa, relacionada a la agresividad hacia la persona suicida por la sensación de abandono y fracaso al no haber podido evitar el suicidio: "Algún superviviente (...) atraviesa una experiencia solitaria en la que la tristeza y la culpa aislan paulatinamente de la vida social e incluso de la vida familiar" (Sarró, 1996, p.26).

Estoy convencida de que hay mucho que podemos hacer. Y recurrir a la acción del Espíritu Santo que es nuestro Consolador para que su obra en nosotros nos permita seguir adelante frente a ésta pérdida.

Muchas veces, cuando converso con personas que han sufrido la muerte de un ser querido me gusta decirles que solamente cambió de domicilio, pero solo que se fue un poco lejos y no podremos irlo a visitar. Poner nuestros ojos en la esperanza de vida eterna nos permite tomar aliento y continuar.

¡Que el Señor nos use para bendecir a muchos!.

Dra. Viviana Barrón de Olivares
Amplia bibliografía consultar por mail.
vivibarron@hotmail.com

Extracto de nota extraída de Revista Quehacer Femenino Nro 231, página 16



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