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15 de febrero de 2017 Homepage  
¿Beneficios de olvidar? Editorial

Busco trasladarme en el tiempo, imaginar a Mateo, el recaudador de impuestos a quien Jesús de Nazaret llamó para que lo siguiera como uno de sus discípulos, y quien en los años ochenta o noventa, según calculan los estudiosos, escribiera uno de los evangelios, el evangelio según Mateo.

Sus manos viejas y gastadas dejarían plasmadas las palabras del gran Maestro: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras jamás pasarán” (Mt. 24.35, NVI). Y vaya si es así, que hoy, en pleno siglo XXI, la Palabra de Dios sigue siendo fuente de esperanza, de consuelo, de orientación, de salvación.

Pero no solo esto, también nos habla sobre maneras de procesar aspectos del pensamiento, las emociones y la conducta, que hoy –bajo la utilización de novedosos conocimientos y métodos neurocientíficos– encuentra vigente asidero.

No dejo de sorprenderme al leer pasajes bíblicos que claramente aportan nociones de salud mental con una mirada integral, que anteceden por miles de años a las nociones científico-técnicas de la psicología moderna.

Un recurso actual en psicoterapia es la “terapia cognitiva”. Es aquella que entiende que la organización de las experiencias de las personas, en términos de significado, afectan a sus sentimientos y a su conducta. Los componentes cognitivos (pensamientos, imágenes, creencias, mitos, relatos...) se consideran esenciales para entender los trastornos psicológicos, y la terapia cognitiva dedica la mayor parte de su esfuerzo en producir cambios en este nivel.

El Dr. Pablo Martínez Vila, renombrado psiquiatra español, expresa en uno de sus libros que la terapia cognitiva quiere aportar elementos de ayuda psicológica con el fin de que los seres humanos logren una vida psíquica más sana, más funcional, de mayor bienestar; sin embargo, la premisa bíblica no es la misma. Si bien Dios quiere que tengamos Vida, y vida en abundancia, su Palabra tiene una “dimensión ética” que implica cambio y crecimiento a la imagen de Cristo. Este es el punto esencial en cualquier enfoque cristiano de la terapia: la sanidad viene antes que la felicidad, porque el propósito de la vida del discípulo es agradar y obedecer al Señor.

La Palabra de Dios nos anima a que de manera voluntaria dejemos el pasado, es decir, siendo conscientes de ello elijamos “olvidar lo que queda atrás”.

Parece tratarse de esto cuando el apóstol Pablo, desde la durísima experiencia de la cárcel, escribe a sus queridos filipenses: “Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús” (Filipenses 3.13-14, NVI).

¡El apóstol motivando a los nuevos creyentes a cambiar hábitos y pautas del proceso del pensamiento y de la conducta! Compartiendo mecanismos psicológicos del funcionamiento mental, que hoy desde las teorías psíquicas nos resultan más claros, como, por ejemplo: que el pensamiento viene antes que la emoción; que según cómo pensamos así nos sentimos y actuamos en consecuencia; que lo importante, más allá de las experiencias por las que atravesamos, es cómo interpretamos lo que nos pasa, etc.

Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, aborda en pocos renglones el tema del pensamiento, de la memoria, del olvido, del poder de decidir, del enfoque de la atención, de la motivación, y de la meta (el objetivo).

Los seres humanos construimos significados gracias a la articulación de componentes emocionales, racionales, imaginativos y psicológicos de la actividad mental. Y la memoria es un elemento clave en este sentido.

¿Qué es la memoria?
Es el proceso de codificación, almacenamiento y recuperación de la información de la cual somos testigos. Hoy se habla de “memorias” en plural, haciendo referencia a los diferentes sistemas de memoria que se distinguen ya sea por el material involucrado, el marco temporal y las estructuras neurales que la sustentan. Así se nombran diferentes tipos de memorias: memoria de trabajo (de las tareas), memoria emocional (de nuestras emociones), memoria semántica (de los significados), memoria autobiográfica (de nuestra historia).

El apóstol Pablo en este pasaje se refiere a la “memoria autobiográfica”: “… una cosa hago: olvidando lo que queda atrás”. Y vaya si habrá tenido vivencias dramáticas que quería olvidar. De hecho, su primera aparición en escena se encuentra relatada en el libro de Hechos 7.58, mostrando a un Saulo que cuida la ropa de los asesinos de Esteban el mártir.
En la vida nos vamos encontrando con dificultades, atravesamos por traumas, por situaciones indeseadas, que sin duda alguna todos quisiéramos olvidar. Muchas veces el inconsciente entra en acción y emplea al olvido como una defensa. Esto puede estar también ligado a otro mecanismo de defensa que es la negación: niego lo que me está ocurriendo porque no puedo con tanto dolor, tanto miedo o tanta amenaza.

Es así que la psicología se orienta a hacer conscientes estas experiencias para ayudar a que alguien pueda modificar el modo en que interpreta ciertos eventos de su vida, es decir cambiar los significados atribuidos. Por eso, evocar nuestros recuerdos perturbadores y revisarlos de un modo sistemático es una de las formas en que el cerebro busca nuevos significados, que permitan trasladar cierto sufrimiento vivido, desde un perturbador y continuo presente a un pasado más simple, que en lugar de hacernos sufrir nos sirva para transitar mejor el futuro.

Pero la Palabra de Dios nos anima a que de manera voluntaria dejemos el pasado, es decir, siendo conscientes de ello elijamos “olvidar lo que queda atrás”. Porque vivir mirando nuestro pasado nos distrae y debilita nuestras fuerzas para emprender lo presente. Porque si continuamente estamos recordando pecados y fracasos, esta situación puede anclarnos en un mar de culpa, victimización y desaliento. ¿Y es esto posible? Sí, si Dios está con nosotras en este proceso. Si Él está ahí. Si su gracia está con nosotras.

Será necesario el ejercicio mental de reaprender a pensar, que consistirá en sustituir pensamientos que entorpezcan, o aun paralicen, nuestra dinámica vital, por pensamientos más adecuados a la realidad, que sean una fuente de fuerza y esperanza. Y que nos motiven a ir hacia adelante, es decir hacia la meta. Nuevamente es su Palabra que nos ofrece eternos recursos espirituales para este viaje.

Por todo esto... una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta...

Pablo también hace referencia a la “actitud”: “… una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta”. Aparece en primera plana el tema de “decidir”, el acto volitivo de elegir.

A Martin Lutero se debe la famosa frase: “No puedes evitar que los pájaros vuelen sobre tu cabeza, pero sí que hagan nido en ella”. Dios nos anima a aprender a controlar nuestros pensamientos, de manera de poder controlar mejor nuestras emociones. Pero este hecho requiere  de nuestra decisión. Esto no será posible sin esfuerzo, sin fuerza de voluntad. Y tampoco será instantáneo. Se asemeja bastante al proceso de aprender un nuevo idioma. Uno se siente como un niño inepto y frágil. Será necesario, sin lugar a dudas, ser humildes, enseñables y perseverantes. La actitud es el pincel con el que la mente colorea nuestra vida.

Y como el objetivo de este recorrido aparece “la meta”. Pero ¿cuál es la meta? ¿Cuál es el premio que el Señor ofrece? La meta hace referencia a la semejanza a Cristo aquí y ahora. El premio a la semejanza a Cristo en el cielo. Y el supremo llamamiento… el estar cerca de Dios y que sus manos se extiendan hacia nosotros, recibiendo cariñosamente su abrazo. Por todo esto... una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta... ¡Sin dudas que vale la pena!  ¿No te parece?

Dra. Tania L. Boisseleau
Médica psiquiatra, psicoterapeuta
Noviembre 2016

Bibliografía:
Manes, Facundo, Usar el cerebro, Bs. As., Planeta, 2014.
Martínez Vila, Pablo, El aguijón en la carne, Barcelona, Andamio, 2008.



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